No sé si me he levantado con el pie izquierdo o con el derecho, pero más me hubiera valido caerme de la cama y levantarme con los dos a la vez.
Miro el reloj creyendo que son las ocho, pero no; son la diez y media. Vale, ya he perdido la mañana. Voy a la cocina para coger energía y ver si así el día no me va tan cenizo como se preve.
Abro la nevera y se me cae la botella de leche en el pie, y este sí que lo sé, el derecho. Ese pie chulito que siempre está por delante del izquierdo como queriendo averiguar algo, y lo único que consigue es un botellazo en toda regla. Po eso.
De repente suena el móvil, y pienso: " bien, alguien me quiere". ¡Oh dios mío, es Marta! El trabajo de marketing audiovisual no le ha llegado al profesor y hay cuatro suspensos sobrevolando las cabezas de cuatro personas, yo incluida, ¡claro! Salgo de casa para solucionar el entuerto del trabajo, y paaammm, meto el pie izquierdo (pa igualar al otro) en un charquito de prefiero ignorar qué.
Total que el día aún no ha llegado a su "medio", pero no me lo kiero ni imaginar...
He dicho.
